
CUANDO TE OLVIDASTE DE VOS (Y NO TE DAS CUENTA)
Hubo un momento —o mejor dicho, muchos— en los que empecé a notar una grieta fina en mi vida. Nada
dramático. Nada visible desde afuera. Era un eco interno que preguntaba, casi en susurro:
“¿Y vos, dónde estás?”
No me perdí de golpe.
Fue en detalles:
en cada “sí” que quería que fuera “no”,
en cada gesto donde yo quedaba última,
en cada renuncia envuelta en amor y silencio.
Durante años creí que ser buena era darlo todo.
Creí que amar era aguantar.
Creí que cuidar era olvidarme de mí.
Y sin darme cuenta, me volví experta en sostenerlo todo… menos a mí misma.
Hasta que un día descubrí que funcionaba, pero no vivía.
Cumplía, pero no sentía.
Estaba… pero no estaba.
Ese es el auténtico comienzo del Vacío Creativo: cuando la vida sigue igual desde afuera, pero desde
adentro algo se desmorona o comienza a liberarse.
LO QUE NADIE TE DICE DEL VACÍO CREATIVO.
Este vacío no es un fracaso.
Es un aviso.
Un punto de quiebre.
Una bisagra emocional que indica que una parte vieja ya no te sostiene y una parte nueva está intentando nacer.
Ese cansancio profundo no es flojera: es un pedido de auxilio de tu alma.
Esa tristeza silenciosa no es debilidad: es una señal.
Ese “ya no puedo más” no es derrumbe: es el final de una identidad que dejó de ser hogar.
Nos educaron para resistir, no para escucharnos.
Para cuidar, no para incluirnos.
Para amar, no para recibir amor.
Para sostener, incluso cuando nos soltaban a nosotras.
Y un día, lo que parecía fortaleza también resulta ser miedo:
miedo a ser “menos”, a decepcionar, a no encajar, a dejar de ser la que salva a todos.
El Vacío Creativo aparece cuando la vida sigue funcionando…
pero vos dejaste de sentirte viva.
CÓMO SE SIENTE REALMENTE ESTA ETAPA (LOS SÍNTOMAS COMUNES).
El Vacío Creativo no llega con gritos.
Llega en silencios.
Pero deja señales muy claras.
- Cansancio emocional que no se cura descansando
Dormís, pero no volvés.
Yo lo viví como una “fatiga del alma”: todo seguía igual afuera, pero adentro algo se apagaba. - Sensación de desconexión interna
Sabés lo que tenés que hacer, pero no sabés qué querés.
No hay deseo claro. Solo un vacío raro, incómodo. - Vivir en piloto automático
Todo sale, todo funciona…
pero sin presencia.
Es como mirar tu vida desde afuera. - Hipersobreadaptación
Ser la fuerte.
La que puede.
La que sostiene.
La que nunca se cae.
Yo estuve atrapada en esta versión años: funcional, eficiente, querida… y completamente desconectada de mí - Emociones borrosas, A veces no sabes que estas triste, cansada, enojada o simplemente agotada. No podes nombrarlo. Solo pasa.
- Micro-renuncias encadenadas
No es una gran renuncia.
Es un millar de pequeñas renuncias acumuladas que un día explotan en forma de vacío. - Miedo a detenerte
Porque sabés que si parás… algo va a aparecer.
LA VERDAD QUE EMPIEZA A ASOMAR
Un día me hice una pregunta que todavía me acompaña:
“¿Qué pasaría si empiezo a vivir una vida que realmente quiero… sin tener que desaparecer en
el intento?”
No tenía respuestas.
Nadie las tiene en esta etapa.
Pero ese instante exacto en el que admitís que así ya no querés seguir…
ese exhale profundo, honesto…
ese es el inicio del renacer.
Ese es el despertar.
Ese es el comienzo del viaje.
Aunque no tengas mapa, coraje ni claridad todavía.
EJERCICIO PRÁCTICO – LA CARTA A LA MUJER QUE FUISTE.
Elegí un lugar tranquilo.
Respirá dos veces.
Abrí un cuaderno.
Escribile a la mujer que fuiste hace diez o veinte años.
Contale:
Qué decisiones tomaste por amor,
Cuáles tomaste por miedo,
Cuáles por costumbre.
Agradecele lo que hizo para sostenerte.
Reconocela.
Y si hace falta, despedila con cariño.
Cuando leas la carta en voz alta, vas a notar algo poderoso:
Entre esas palabras empieza a asomar una voz nueva.
Una voz suave, tímida, propia.
La tuya.

Lic. Patricia Petrecca.
