ETAPA V – EXPANSIÓN

CUANDO LA VIDA RETOMA SU RUMBO

Recuerdo una mañana en la que todo parecía igual —el mismo café, la misma
calle, la misma lista de cosas por hacer—, pero algo había cambiado. No era
el mundo, era mi manera de estar en él. Sentía que el aire pesaba menos,
que mi cuerpo tenía ganas otra vez. No de empezar de cero, sino de seguir
con más ganas.

La expansión no llega con fuegos artificiales

Aparece en lo cotidiano. De la manera en que te vuelves a interesar por algo,
en cómo dices que sí sin miedo o que no sin culpa. Es un movimiento que
empieza adentro, pero se nota afuera: en tus gestos, en tus vínculos, en tu
voz. Después de tanto mirar hacia adentro, llega el momento de salir al
mundo desde otro lugar.
Ya no se trata de encajar, sino de habitar completa. La vida se siente más
ancha porque ya no estás tratando de encogerla para que entre en moldes
viejos. No hay mapa para esta etapa. Solo una brújula: tu coherencia. Cuando
algo te entusiasma, lo sigues. Cuando algo te pesa, lo soltás. Y en esa
simpleza, la vida empieza a abrir caminos que antes ni veías.

Ejercicio práctico

Registrar lo que florece: Durante una semana, anota al final del día tres cosas nuevas que hayan
aparecido desde que empezaste a moverte distinto. Pueden ser emociones, encuentros, ideas, oportunidades o sensaciones corporales. No busques grandes logros: presta atención a lo que crece sin esfuerzo. La expansión no es hacer más, es sentirte más viva en lo que haces.

La expansión no es un destino, es un movimiento continuo. Cuando dejas de vivir en modo supervivencia, la vida deja de ser una lucha y se vuelve una danza. Y en cada paso, descubrirás un poco más vos.

Lic. Patricia Petrecca

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